sábado, 25 de febrero de 2017

unos minutos entre esta y la otra vida

Como cada noche, Alonso se ponía a sacar de paseo a su perro Trancos. Era una noche perfecta. Diecinueve grados de temperatura que marcaba su Apple Watch en el mes de Marzo. Una temperatura semi veraniega, así que cogió la correa del perro, le colocó el mosquetón en la argolla del collar, se puso en la espalda una pequeña mochila con utensilios de limpieza para las heces del perro, y se dispuso a pasear por el nuevo entramado del Madrid arena. 



Llevaba apenas dos minutos caminando, cuando una pareja que iba paseando con otro perro, se le acercaron. El hombre, de un metro ochenta, de compresión atlética, barba incipiente de varios días, vestido con un chandal negro, le saludó cortésmente:

- Buenas noches. ¿Me podría indicar si es tan amable, como llegar a la Puerta de Toledo?

- Si claro. Mire, siga hasta el segundo puente metálico que puede ver a apenas trescientos metros y... Perdonen, me estoy mareando, lo siento... 

Cuando empezó a recobrar la consciencia, no sabía que había pasado. Estaba en algún lugar irreconocible, y un  color negro que lo abarcaba todo y un punto blanco como horizonte ocupaban la más absoluta inmensidad. No había nada más.  Nada que se pudiera distinguir, nada que se pudiera ver. Nada.  Intentó moverse pero ninguna parte de su cuerpo respondió a lo que su cerebro ordenaba. Intentó articular palabra, pero ni su garganta, ni su boca y ni sus labios tuvieron el más mínimo estímulo para poder hacerlo. Se aterrorizó. Intentó con todas sus fuerzas hacer que su cuerpo respondiera a algún estímulo, pero era imposible.  Se dio cuenta que sus ojos estaban cerrados.  ¿Cómo entonces podía ver tan claramente el color blanco en una inmensidad negra?. Además, rápidamente se percató de que no había ningún ruido. No si quiera escuchaba a su corazón, ni a su respiración. Nada.  

De repente empezó a escuchar un hormigueo, un ligerísimo zumbido apenas perceptible. Al menos ya era algo. También empezó a notar que el color negro se iba disipando, como cuando ves que un grupo de nubes que se dispersa por la acción del viento. Y el blanco del final empezaba a convertirse en un naranja muy claro, con pequeños destellos de azules.  El zumbido era mucho más claro, casi como un murmullo, pero no se podía reconocer nada.  De su pecho empezó a notar unas pequeñas sacudidas, acompañadas de una presión como en la boca del estómago. Notó como el aire entraba a presión por su garganta y bajaba a los pulmones con una carencia poco habitual. El murmullo se convirtió en ruido, el color negro estaba casi disipado y el fondo de color naranja y destellos azules ahora era más pronunciado. Empiezo a notar un leve cosquilleo en las manos y sus párpados comenzaron a temblar.  Empezó a ir voces hasta que claramente escucho: 

...Mil catorce, mil quince insufla..

Por su brazo noto un líquido que le abrasaba las venas, mientras que, de repente entre abrió sus ojos.  Pudo ver que tenía puesta  una mascarilla y que estaba rodeado de dos mujeres y un hombre.  Una de ellas gritó: 

- Ya le tenemos de vuelta. Estabilizarlo y arreando hacia La Paz.

Durante el viaje en ambulancia recuperó la sensibilidad de las extremidades. Pudo distinguir los olores corporales de las dos personas que iban junto a él en la cabina trasera . Su primer intento de moverse fue para quitarse la mascarilla pero un hombre ataviado con la indumentaria del Samur se lo impidió diciéndole:

- Has  sufrido un infarto. No malgaste sus fuerzas que las va a necesitar.

- ¿Saben donde esta Trancos?. Mi perro.

- La persona que le salvo la vida, la que nos llamó, se quedó con el. Le propició los primeros masajes cardiopulmonares hasta que llegamos. Descanse ahora. Recupérese y pronto volverá junto a su perro.




Le daba miedo cerrar los ojos, pero sabía de sobra que esa noche había vuelto a nacer y que, si dios lo tuviera en estima, tenía otra fecha más para celebrar en su vida.

jueves, 9 de febrero de 2017

La búsqueda (parte II)

Pasaba sus días sin pena ni gloria. Se levantaba con puntualidad inglesa a las 06:45 de la mañana y le gustaba abrir la ventana para sentir el frescor del alba, y que sus brazos desnudos se erizaran con la suave brisa que entraba del exterior antes de que los primeros rayos de sol le mostraran el inmenso paisaje que se podía contemplar desde la segunda planta donde se ubicaba la ventana de su buhardilla.


Desde allí oteaba la cordillera de montañas repletas de nieve como horizonte y al cielo anaranjado por los primeros rayos de sol, a los campos cultivados y repletos de lavanda en flor, que con las ondulaciones de terreno y la poca luz de la mañana propiciaban un estupendo fondo de color rosado, y que, con la fragancia que desprendían, perfumaban casi a la totalidad de la comarca. El arroyo cerca de la vivienda, ese que de niño fue frecuentado desde Mayo a Octubre por sus amigos y él. Siempre allí, perenne, junto a los grandes y frondosos álamos que habían crecido en sus ribazos, y por sus reversas hojas plateadas que parecían centellear, con esos primeros incisos que el sol acostumbraba a hacer a esas horas de la mañana.

Le gustaba bajar al pequeño huerto que su padre había construido en su niñez, y recolectar los cultivos de temporada, o bien, realizar tareas de mantenimiento, como limpiar los hierbajos que pudieran robar nutrientes a las verduras y hortalizas, revisar las conducciones del riego automático, o verificar el funcionamiento de la bomba para evitar que el cultivo se quedara sin su porción diaria de agua programada. Después, subía nuevamente a la vivienda, y en el baño que tenía dentro de su habitación, se daba una ducha con agua tibia, y la finalizaba con agua fría, por eso de tener una piel tersa y una buena circulación sanguínea.

Esa mañana decidió afeitarse su tullida barba con despuntes blanquecinos. Desde su último encuentro sexual no se había afeitado y al ver su cara reflejada en el espejo adosado en la pared del cuarto de baño, le pareció verse mas viejo de lo que aparentaba. Entonces recordó que llevaba cinco meses alejado del mundo. Alejado de esa ciudad que le llevaba atormentando tantos años. Alejado de noches de sexo sin sentido. De tener mujeres sin saber ni siquiera como se llamaban. Alejado de un trabajo que sólo le hacía robarle tiempo a su vida. Alejado de esos que decían llamarse amigos. Pero sobre todo, alejado de ese recuerdo que se le había enquistado, y que parecía un dolor  crónico y enraizado en lo más profundo de su corazón. Un corazón afligido y perdido, que deambulaba en ese espacio tan grande que le había dejado. Un alma rota y vacía, que en la soledad intentaba reconstruir pieza a pieza.


Había encontrado trabajo en una emisora de radio local.  Su voz grave y cálida, y con cierta musicalidad, le valía para tener un pequeño programa por las tardes donde recogía las noticias de toda la comarca, y las impartía a modo de magazine intercalando música y entrevistas con personalidades locales. Los viernes tenía un espacio en el que leía las cartas que los vecinos le enviaban. Le contaban los problemas que tenían entre sí, ya sea por lindes de terreno, por sentirse engañados en algún restaurante o negocio local, por querer encontrar a un familiar huido y perdido desde hacía años, o alguna carta de amor, normalmente en aniversarios o cumpleaños.

Pero ese viernes una carta anónima le descolocó por completo:

"Quizás no sepas quien soy. Que presuntuosa, una carta sin remite y pretendo que lo sepas. Pero nos conocemos (nos conocimos) desde hace mucho tiempo, y no hay día, ni noche de mi vida, en el que no suspire volver a tus brazos, en volver a sentir tus labios sobre los míos, en recordar cuando y como me hacías el amor. Porque aun siendo mi vida  plena, mi alma sigue rota por tu ausencia. Porque elegí el camino correcto, el que dictaba mi razón, pero mi corazón no lo entiende y sigue herido de muerte. Así que te busco en cada noche, y allí, donde no hay mas sonido y más compañía que la del silencio, donde la soledad se sincroniza con mi alma, donde la única luz es la de tus recuerdos, grito desde mis entrañas y desde lo más profundo de mi ser tu nombre..."

Continuará...



Y si puedo volverte a ver... (Benny Ibarra & Miguel Bosé)